Nadando contra corriente: Ranas, ciencia y comunidad
En los Andes ecuatorianos, ciencia y comunidad se unen para conservar una especie al borde de la extinción y abrir camino a su recuperación.

© Steven Guevara S. – Renacuajos liberados el 6 de junio de 2025 en la Reserva Los Yaltes / provincia de Imbabura.
¡Tú puedes! ¡Agárrate con fuerza! ¡Nada! Son las palabras de aliento que el equipo del Centro Jambatu le da a un renacuajo que, por primera vez, se enfrenta a nadar contra la corriente. Nació en un acuario en la ciudad y ahora está en el río Chontal. Al ver que se agarra de una roca y comienza a comer algas, un suspiro de alivio recorre el aire. Lo que este pequeño renacuajo no sabe es que ha nadado contra corriente toda su vida, resistiendo la corriente de la extinción.
Una especie al borde de desaparecer
Desde Imbabura hasta Cotopaxi, las ranas arlequín hocicudas embellecían los bosques nublados andinos. Los machos croaban a lo largo de los ríos. A finales de los años 80 y principios de los 90, su historia cambió. Un hongo, Batrachochytrium dendrobatidis, afectó gravemente a la especie. Este impacto se sumó a condiciones ambientales alteradas por el cambio climático. La población colapsó.
La especie fue declarada extinta por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Treinta años después, en 2016, surgió una esperanza. Se descubrió una población en la provincia de Imbabura. Los bosques del Valle de Intag brindaron refugio a la última esperanza de la especie. Sin embargo, las amenazas persisten. El uso de agroquímicos, la ganadería y la minería continúan poniendo en riesgo su existencia.

Ciencia y comunidad para la conservación
Para salvaguardar a esta población, comunidades y organizaciones locales se unieron con organismos internacionales. El objetivo fue enfrentar las amenazas y ejecutar acciones de conservación. Dos acciones fueron clave. Primero, conocer el estado poblacional de la especie para poder planificar su conservación. Segundo, realizar la primera reintroducción de individuos nacidos en laboratorio a su hábitat natural.
El monitoreo poblacional tomó un enfoque distinto. En lugar de llevar herpetólogos de la ciudad para el monitoreo, se optó por capacitar a guías locales como paraecólogos. Desde 2016, la Asociación Ecojunín ha colaborado con el Centro Jambatu. Han logrado que 17 hombres y 10 mujeres participen en el monitoreo. Este avance es significativo considerando que, en el primer curso, ninguna mujer se quedó por miedo.

Resultados y aprendizajes en el territorio
Los resultados del monitoreo no fueron alentadores. Durante 11 meses, se registraron únicamente dos individuos de la rana arlequín hocicuda. Sin embargo, se registraron otras 16 especies (nueve de ellas amenazadas), 364 individuos en 16 localidades y senderos recorridos. Además, se obtuvo información valiosa sobre la historia natural, como tiempos de amplexus, puestas de huevos y eventos de metamorfosis.
Un hito trascendental en la conservación de los anfibios fue la liberación de más de 1000 individuos nacidos en laboratorio. Este esfuerzo representa un paso crucial para establecer una nueva población y simboliza la esperanza de revitalizar la única población que queda en la naturaleza.

Procesos que sostienen la esperanza
Estas acciones, junto con otras, son promovidas por el proyecto financiado por el Gobierno de Canadá y con el apoyo del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés). Incluyen prácticas agroecológicas, fortalecimiento de la organización de mujeres y entrenamiento de jóvenes en comunicación estratégica. Estas medidas están trazando el camino para la recuperación de la rana arlequín hocicuda y las poblaciones de anfibios en el territorio.
El crecimiento del conocimiento en anfibios por parte de los y las paraecólogas de la Asociación Ecojunín ha sido significativo. Es una parte fundamental de un proceso de cambio. Los proyectos deben plantearse como procesos a largo plazo para generar impactos, no como actividades aisladas de corto plazo. Solo de esta manera se pueden construir relaciones de confianza y avanzar conjuntamente en el conocimiento y la conservación.
Nadar juntas y juntos para cambiar la corriente
Esta es la historia de cómo las comunidades, organizaciones locales y la ciencia se han unido para proteger a las joyas de los bosques: las ranas. Con estas acciones, se está disminuyendo la velocidad de la corriente para que nadar contra ella sea menos difícil.
Este artículo fue elaborado en el marco del proyecto “Reducción de amenazas para la conservación de la rana arlequín de nariz larga, Ecuador“, apoyado por el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF). Su contenido es responsabilidad exclusiva de la organización autora y no refleja necesariamente los puntos de vista del CEPF o de sus socios.
Escrito por: Steven Guevara S. y Andrea Terán-Valdez
