Las picaduras se convierten en lecciones: APEC practica apicultura segura en el PN-ANMI Cotapata
En el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata, la apicultura también es una escuela de prevención.

Hace tres años, una simple jornada de trabajo cambió para siempre la relación de doña Juana Nieves Paredes con las picaduras. Mientras realizaba labores de limpieza en la carretera Cotapata–Santa Bárbara —zona limítrofe con el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata— una avispa la picó en el rostro. El dolor fue solo el principio: en cuestión de minutos, su cara comenzó a hincharse, sus ojos se tornaron rojos y su garganta empezó a cerrarse.
“Sentía que no podía respirar”, recuerda. Fue trasladada de inmediato al Centro de Salud de Pacallo, donde lograron estabilizarla. Aquel episodio dejó una huella profunda, especialmente cuando años después decidió emprender en un nuevo oficio que, paradójicamente, la pondría de nuevo frente a los aguijones: la apicultura.
De miedo a seguridad
Doña Juana forma parte de la Asociación de Productores Ecológicos Cotapata (APEC), una organización que impulsa la producción sostenible en la región. Su principal temor al inicio fue claro: ¿y si me vuelven a picar?
El acompañamiento técnico del proyecto “Fortalecimiento de la gestión de agroforestería en el Parque Nacional Cotapata” que lleva adelante Cáritas Coroico y CEPF fue clave. Los técnicos capacitaron a los productores en el manejo integral de colmenas, y también priorizan la salud y seguridad de cada apicultor. “Trabajamos para que nuestros productores comprendan que la apicultura no solo es miel y abejas; es también prevención y cuidado personal”, explica el ingeniero José Luis Mamani Azucena, técnico del proyecto 115894, quien ha atendido varios incidentes menores durante el desarrollo de las actividades.
Un susto que enseñó una gran lección
La segunda experiencia de doña Juana con las abejas fue menos grave, pero más aleccionadora. Mientras revisaba sus colmenas —dos cajas que cuida con esmero—, varias abejas se colaron bajo su traje protector. Seis picaduras bastaron para provocar una hinchazón de más de diez centímetros y una reacción alérgica.
Esta vez, sin embargo, estaba preparada. Gracias al botiquín de primeros auxilios entregado por el proyecto, aplicó correctamente las medidas básicas: retiró los aguijones sin presionar el saco de veneno, lavó con agua y jabón, aplicó frío y tomó un antihistamínico (Alegín o Histafren). Pese a todo, los síntomas —mareo, enrojecimiento y picor— la obligaron nuevamente a acudir al Centro de Salud de Pacallo, donde fue atendida rápidamente. Hoy, asegura que nunca inicia una jornada sin su traje completo y su botiquín a mano.
El valor de la prevención
Durante la primera fase del proyecto CEPF el año 2023, como un medio de SALVAGUARDA para atender cualquier contingencia relacionada con posibles eventualidades con picaduras de las abejas, CEPF pidió al proyecto tener las medidas necesarias para respaldar estas actividades, dotando de esta manera con ampollas de ADRENALINA, las cuales son eficientes contra las alergias severas (anafilaxia), mismas que fueron entregadas al Centro de Salud de Pacallo.
En el Centro de Salud de Pacallo, la licenciada Elizabeth Llanque, enfermera responsable, destaca la importancia de la prevención. “Gracias al proyecto CEPF, también nosotros contamos con una dotación de 100 ampollas de adrenalina y 100 jeringas. Ya hemos atendido varios casos de picaduras, incluso de turistas”, relata. Uno de esos casos fue particularmente alarmante: un visitante, al caminar por un sendero cercano a un apiario, perturbó a las abejas sin darse cuenta y recibió más de cien picaduras. “Logramos estabilizarlo a tiempo. Si no hubiéramos tenido los insumos, la historia habría sido diferente”, afirma la licenciada.
Apicultura con conciencia
El proyecto ha dotado en ambas fases de botiquines de primeros auxilios a los productores de la APEC. Así mismo, durante esta fase también se equipó a los guardaparques y a los técnicos del proyecto. Estos incluyen material para curaciones, antisépticos, medicamentos para alergias y golpes, así como instrucciones con protocolos de seguridad que todos deben seguir.
“Cada jornada es una oportunidad para aprender”, dice doña Juana, con una sonrisa que combina respeto y cariño por sus abejas. “Ahora ya no tengo miedo porque me preparo mejor”.
La apicultura sostenible, segura y solidaria, es posible. Donde la naturaleza y las personas conviven en equilibrio.
