La Puya raimondii inspira a un pueblo y crea una alianza para la vida en Comanche
BIOTA, socia del CEPF en Bolivia, ha liderado un proyecto que unió a toda la comunidad en Comanche para conservar a la Puya raimondii. El trabajo tuvo como foco potenciar los conocimientos sobre la especie, desarrollar turismo y proteger el conocimiento local.

En lo alto de los cerros de Comanche (Bolivia), allí donde la piedra y el viento han moldeado la identidad de su gente por generaciones, su gigante silencioso despierta miradas y esperanzas. La Puya raimondii, con una presencia tan majestuosa como frágil, inspiró un proceso comunitario que renueva la relación entre territorio, conocimiento y futuro.
BIOTA, gracias al financiamiento del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF) y al acompañamiento en Bolivia de Conservación Amazónica – ACEAA, lideró un proyecto que unió ciencia, educación, turismo y participación local para darle a este gigante andino el lugar que merece. Así, el corazón vivo de una comunidad decidió caminar a su lado para conservarlo.
La Puya raimondii, un gigante que define una identidad
Comanche, ubicado en la provincia de Pacajes, en La Paz, es un territorio en el que conviven tanto la piedra granito como la Puya raimondii, o «tiki tanka», como se le conoce. La comunidad de la zona ha construido gran parte de su vida alrededor del trabajo con la piedra, que es base de su economía e identidad. Está presente en sus plazas, su iglesia de 1923, así como en las esculturas del Instituto Tecnológico Mirikiri y los adoquines que han llegado hasta ciudades como La Paz y El Alto.
En paralelo, la Puya raimondii ha acompañado silenciosamente este paisaje durante generaciones. Para muchas familias de Comanche, esta planta siempre ha estado ligada al cerro, como un elemento que convivía con la piedra, el pastizal y la fauna. Sin embargo, su significado ecológico y su potencial como recurso educativo y turístico no habían sido plenamente valorados.
A través del proyecto «Conservación de la Puya raimondii en Bolivia», esta percepción ha evolucionado con la articulación entre ciencia, educación, turismo y participación con enfoque de género, elemento transversal en las actividades de la iniciativa.
Mediante talleres, caminadas y observación, la comunidad comprendió aspectos que antes no eran discutidos. Entre estos están el ciclo de vida de la planta, sus tiempos de germinación o su fragilidad ante incendios y el cambio climático. Además, comprendieron que es un atractivo turístico singular si es manejada de forma responsable.
La iniciativa no buscó sustituir el conocimiento local, sino profundizarlo, integrando información científica que complementa la experiencia de quienes habitan este territorio. La conservación no busca reemplazar actividades económicas como la extracción de la piedra granito, sino promover un equilibrio entre ellas.

Ciencia que ilumina lo que el territorio intuía
Los estudios realizados en el municipio, como la recolección y evaluación de semillas o ensayos de germnación, permitieron caracterizar la ecología de la Puya con mayor precisión. Este conocimiento técnico, compartido con la comunidad de manera accesible y práctica, ayudó a comprender por qué la Puya es particularmente vulnerable.
Como resultado de este proceso, los viveros instalados en el municipio se han convertido en espacios de aprendizaje continuo. En ellos, mujeres, jóvenes y niños pueden aplicar lo aprendido, experimentar con nuevas técnicas y visualizar cómo una pequeña semilla puede transformarse en un futuro plantín para el cerro.
Para muchas familias, estos espacios representan también un punto de encuentro entre saberes. El proyecto ha demostrado que la ciencia no está separada del conocimiento local, sino que lo complementa. El trabajo ha permitido explicar lo que la comunidad observa desde hace años y aporta herramientas para tomar decisiones informadas.
Mujeres y jóvenes, quienes participaron activamente en las actividades científicas, no solo incorporan conceptos nuevos, sino que comienzan a transmitirlos dentro de sus hogares y en su entorno escolar, fortaleciendo una comprensión colectiva más amplia sobre la importancia de conservar la Puya.

Educación ambiental que construye identidad
La educación ambiental en Comanche fue un eje central del proyecto para fortalecer la identidad local en relación a la Puya raimondii. Mediante talleres participativos con metodologías como educación popular, juegos, cantos y poesía, estudiantes de primaria y secundaria exploraron la biología, el ciclo de vida y la importancia ecológica de la especie.
Además, la iniciativa creó una guía educativa, validada por docentes y directores, que permitió trabajar con materiales contextualizados al territorio, incorporando actividades como análisis de semillas, caligramas, murales colectivos, mapas ilustrados y comparaciones entre el ciclo humano y el de la Puya.
Las herramientas desarrolladas ahora están instaladas en unidades educativas, con el fin de que nuevas generaciones continúen aprendiendo y enseñando sobre la Puya. La educación se ha convertido en un puente entre conocimiento científico y saberes locales, fortaleciendo el vínculo emocional de la comunidad con su gigante natural.
Turismo responsable como punto de encuentro
En Comanche, el turismo empezó a tomar forma el día en que la comunidad decidió crear algo propio: su marca turística. No fue un diseño impuesto ni un logotipo pasajero, sino un proceso creativo construido en talleres en los que mujeres, jóvenes, autoridades y artesanos debatieron qué significa realmente “ser de Comanche”. El resultado fue una identidad que combina la fortaleza de la piedra, la elegancia de la Puya raimondii y el orgullo de un pueblo que quiere mostrar su historia al mundo. Hoy, esta marca ya está en manos de la comunidad, y se ha convertido en un símbolo que despierta entusiasmo y proyecta nuevas posibilidades.
Junto a ella nació una ruta turística que permite al visitante vivir la experiencia de conocer la Puya desde la sabiduría local y científica. Las y los guías del municipio, formados durante el proyecto, recorren cerros explicando cómo vive esta planta, por qué es especial y cómo cuidarla. Las familias también se sumaron: elaboran platos típicos, artesanías, cuentan historias y brindan hospitalidad.
Muchas mujeres tomaron un papel protagonista, liderando emprendimientos, organizando a los grupos y aportando ideas que dieron vida a una propuesta turística más inclusiva, creativa y auténtica.

La sostenibilidad y el legado
El proyecto ha dejado capacidades instaladas en la comunidad: viveros activos, guías formados, un comité de turismo fortalecido, materiales educativos y mayor conocimiento sobre la ecología de la Puya. El plan de acción para la conservación de la especie ofrece ahora una guía clara para continuar el monitoreo, reducir amenazas e impulsar un turismo sostenible.
Persisten desafíos, como mantener los viveros, fortalecer las organizaciones locales y asegurar que las actividades productivas no afecten el hábitat. Sin embargo, el cambio más significativo ya está consolidado: la comunidad reconoce a la Puya como parte de su identidad y de su futuro.
Hoy, piedra y Puya comparten el mismo horizonte. La historia que emerge es la de una comunidad que no abandona su pasado, pero que se abre a un futuro donde el gigante del cerro es también símbolo de orgullo, educación y desarrollo. Esta es la historia de un territorio que decidió caminar junto a su gigante.
Acerca del CEPF
El Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF) es una iniciativa conjunta de La Agencia Francesa de Desarrollo, la Conservación Internacional, la Unión Europea, la Fundación Hans Wilsdorf, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Gobierno de Japón y el Banco Mundial. El programa del CEPF en los Andes Tropicales está financiado por el Gobierno de Canadá a través de Asuntos Globales Canadá. La meta fundamental es asegurar que la sociedad civil se dedique a conservar la diversidad biológica.
