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6 de julio de 2026

De territorios de vida a Corredor de Conectividad Comunitario: Una Historia de conservación, autonomía y bioeconomía en el Colonso-Sumaco-Galeras  

En el corredor Nororiental del Ecuador, comunidades Kichwa y Kijus, junto a la Fundación Amazónica YacuWarmi, impulsan el Corredor de Conectividad Comunitario Herencia Ancestral y Bioecnomía Colonso-Sumaco-Galeras para fortalecer la conservación, la autonomía territorial y los medios de vida sostenibles.

© Fundación YacuWarmi
© Fundación YacuWarmi 

En las estribaciones amazónicas entre Napo y Orellana se impulsa actualmente una propuesta de conectividad territorial que abarca aproximadamente 104777,82 hectáreas, articulando comunidades indígenas, áreas protegidas y espacios de uso sostenible. 

Esta iniciativa, conocida como Corredor de Conectividad Comunitario Herencia Ancestral y Bioeconomía Colonso-Sumaco-Galeras, busca conservar ecosistemas de bosque húmedo tropical, fuentes hídricas y hábitats clave para especies emblemáticas, al mismo tiempo que fortalece los medios de vida y la gobernanza comunitaria.

El territorio del corredor alberga una alta diversidad biológica propia del piedemonte amazónico. En estos bosques se encuentran especies de fauna como el jaguar (Panthera onca), el tapir amazónico (Tapirus terrestris), el mono chorongo (Lagothrix lagotricha) y aves como el gallito de la peña (Rupicola peruvianus), además de una gran diversidad de anfibios y reptiles sensibles a cambios en el hábitat. 

En cuanto a flora, destacan especies como el cedro (Cedrela odorata), el chuncho (Cedrelinga cateniformis), la guayusa (illex guayusa) y múltiples plantas medicinales utilizadas por las comunidades. La conservación de estos ecosistemas protege la biodiversidad y mantiene funciones ecológicas esenciales como la regulación hídrica, la captura de carbono y la conectividad entre áreas protegidas.

Participación comunitaria

El proceso se ha construido de manera progresiva y participativa, iniciando en comunidades kichwa del cantón Archidona. San Francisco de Cotundo y Santa Rita fueron los primeros territorios en desarrollar Planes de Vida y Gobernanza Territorial, herramientas que permitieron organizar la información comunitaria, identificar valores de conservación, definir zonas de uso y protección y proyectar acciones concretas para el manejo sostenible del bosque. 

Estas acciones incluyen la delimitación de áreas de conservación comunitaria, el control del uso del suelo, la protección de nacientes de agua y la promoción de prácticas productivas sostenibles como la chakra amazónica.

En San Francisco , este proceso se consolidó en torno a Ruku Kawsay “Vida Ancestral”, donde la conservación se entiende como una relación integrada entre bosque, cultura y espiritualidad. Aquí, prácticas como el manejo de la chakra sistemas agroforestales que combinan cultivos tradicionales con especies forestales permiten mantener la fertilidad del suelo, conservar la biodiversidad y asegurar la soberanía alimentaria. 

En Santa Rita, la experiencia de Urku Samay fortaleció la protección de fuentes hídricas, la conservación de bosques primarios y el uso de conocimientos ancestrales para el manejo de plantas medicinales y especies útiles.

Posteriormente, el proceso se amplió hacia nuevas comunidades. Ávila Viejo y San José de Payamino incorporaron metodologías participativas como diagnósticos comunitarios, cartografía social y zonificación territorial. En estos espacios se identificaron áreas críticas para la conservación de fauna, corredores naturales utilizados por especies de amplio rango como el jaguar y zonas de importancia hídrica. 

En San José de Payamino, además, se ha promovido el turismo científico y comunitario, que permite generar ingresos mientras se monitorea la biodiversidad y se sensibiliza sobre su conservación.

Cada uno de estos territorios aporta elementos clave al proceso. San Francisco y Santa Rita consolidan prácticas de conservación basadas en la cultura y la espiritualidad; Ávila Viejo integra la memoria histórica con la gestión sostenible del territorio; y San José de Payamino fortalece la conectividad ecológica y el monitoreo de especies. En conjunto, estas experiencias demuestran que la conservación no es solo protección, sino también usos sostenible, conocimiento local y organización comunitaria.

Fortaleciendo el Corredor de Conectividad Comunitario

Sobre esta base, el proyecto “Conectividad Comunitaria, Herencia Ancestral y Bioeconomía para la Conservación de la Biodiversidad”, implementado por la Fundación Amazónica YacuWarmi con el apoyo del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés), y con el acompañamiento técnico de la Fundación Futuro Latinoamericano (FFLA), impulsa una nueva fase orientada a integrar estas experiencias en una propuesta territorial más amplia. 

El objetivo es articular OMEC (Otras Medidas Efectivas de Conservación Basadas en Áreas) comunitarias, áreas de conservación, territorios indígenas y zonas productivas sostenibles dentro del corredor Nororiental, asegurando la continuidad de los ecosistemas y los medios de vida. 

Ejes principales del proyecto

El proyecto se estructura en tres ejes principales: 

  1. El reconocimiento de nuevas OMEC comunitarias.
  2. La formulación del corredor de conectividad.
  3. El fortalecimiento de alternativas de bioeconomía. 

En este marco, se proyectó la conservación de 24.48643 hectáreas mediante dos OMEC comunitarias: ACOKI, con 8.898,63 hectáreas y San José de Payamino, con 15.587,8 hectáreas. 

Estas áreas incluyen bosques primarios, zonas de regeneración natural, riberas de ríos y espacios de uso sostenible, fundamentales para mantener la conectividad ecológica.

En ACOKI, el proceso involucra a seis comunidades Quijus, Mondayacu, Shikayaku, Lukmapamba, Pachacutik, Pakchayaku y Cari Istandi. A través de asambleas, talleres participativos y construcción del Plan de Vida y gobernanza territorial, las comunidades definen cómo conservar su territorio. Han establecido zonas de protección estricta, áreas de uso sostenible, prácticas de restauración y mecanismo de control comunitario frente a amenazas como la deforestación o la expansión de actividades extractivas.

Comunidades, conectividad y bioeconomía

El Corredor de Conectividad Comunitario se proyecta como una herramienta para reducir la fragmentación del paisaje y asegurar el desplazamiento de especies entre el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, la Reserva Biológica Colonso Chalupas y los territorios comunitarios. Esta conectividad es clave de bosque continuo, así como para la conservación de cuencas hidrográficas que abastecen de agua a las comunidades. 

El proceso también ha fortalecido la articulación entre comunidades e instituciones. La coordinación con el Ministerio del Ambiente y Energía (MAE), los Gobiernos Autónomos Descentralizados (GAD) y organizaciones locales permitirá consolidar un modelo de gestión compartida, donde las decisiones se construyen desde el territorio y se respalda institucionalmente.

A través de la bioeconomía, se promueve el aprovechamiento sostenible de productos como cacao, guayusa, artesanías y turismo comunitario, generando ingresos que reducen la presión sobre los recursos naturales. Al mismo tiempo, se fortalecen prácticas culturales como el uso de las plantas medicinales, la transmisión de conocimientos ancestrales y la gestión colectiva del territorio.

Para las comunidades el corredor representa la oportunidad para mejorar sus condiciones de vida sin perder su relación con el bosque. 

Por: Fundación YacuWarmi

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