En Mashpi-Pachijal, niñas y niños aprenden sobre el cuidado de su territorio
La Fundación Imaymana, junto a la Red de Bosques Escuela del Chocó Andino, implementó un programa educativo que educó a más de 50 niñas y niños en el cuidado de las especies que habitan en el Área Clave de Biodiversidad (KBA) de Mashpi-Pachijal, en Ecuador, y la importancia de conservar la biodiversidad y los ecosistemas.

En el Área Clave de Biodiversidad (KBA) de Mashpi-Pachijal, en Ecuador, 56 niñas y niños de tres escuelas públicas aprendieron sobre especies clave y mejoraron su conocimiento acerca de esta zona gracias al programa educativo «Soy mi territorio». La enseñanza fue implementada por la Red de Bosques Escuela del Chocó Andino (REDBE) en alianza con Fundación Imaymana, en el marco de su proyecto financiado por el gobierno de Canadá, a través del Fondo de Alianzas para Ecosistemas Críticos (CEPF).
Los niños y niñas que viven en esta KBA disfrutaron de cada clase, en especial cuando vieron a «Moca», un mono capuchino (Cebus aequatorialis) y a «Penélope», una pava chocoana (Penélope ortoni), guardianes principales del programa. Esta sorpresa fue parte de las visitas a cuatro de los Bosques Escuela del Chocó Andino. Allí, los pequeños y pequeñas reconocieron su territorio y fueron familiarizados con estas especies amenazadas.

La conservación de Mashpi-Pachijal empieza en las infancias
Transmitir la importancia de la conservación del territorio y su biodiversidad a cada participante fue un reto. Pero la clave fue la metodología vivencial de los Bosques Escuela. Cada niño y niña pudo caminar el KBA, sintiéndolo, usando sus materiales para crear y pensar en el bosque como su aula.
«Sí creo que cuando me cuido a mí misma, cuido también a la naturaleza, porque la naturaleza es como una persona», escribió una de las estudiantes de la escuela Pachijal. Es una muestra de la “Biofilia” (conexión hacia la naturaleza) que los Bosques Escuela generan.
Gracias a la alianza entre la Fundación Imaymana y la Red de Bosques Escuela, el componente pedagógico del proyecto fue un éxito. Así, el travieso «Moca» y la elegante «Penélope», acompañaron a las niñas y los niños en cada visita del programa, sembrando valores y prácticas para el cuidado de los bosques, que es la base del hábitat de estas especies.
El proyecto también actualizó una cartilla ilustrada de la eco-geografía y de las especies amenazadas en este KBA. Este elemento guió el recorrido por los diferentes ecosistemas y la biodiversidad del Bosque Andino, a la par que permitió reflexionar sobre el poder de la resiliencia frente al cambio climático.

Cada semilla es clave para la conservación
En la última clase, cada niño y niña pudo encarnar al mono capuchino y a la pava chocoana, por medio de unas máscaras creadas durante la iniciativa. Sus reacciones y la puesta en escena que planificaron mostraron la empatía que las y los estudiantes han adquirido hacia ambas especies. Un logro que evidencia el éxito de apostar por los procesos educativos como eje fundamental de la conservación de la biodiversidad.
Estos procesos son de largo aliento. El proyecto ha sembrado una semilla en cada participante de las comunidades de Mashpi, Guayabillas, Pachijal y Santa Rosa, traduciendo a su propio lenguaje la importancia del cuidado del territorio donde viven.
Acerca del CEPF
El Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF) es una iniciativa conjunta de La Agencia Francesa de Desarrollo, la Conservación Internacional, la Unión Europea, la Fundación Hans Wilsdorf, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el Gobierno de Japón y el Banco Mundial. El programa del CEPF en los Andes Tropicales está financiado por el Gobierno de Canadá a través de Asuntos Globales Canadá. La meta fundamental es asegurar que la sociedad civil se dedique a conservar la diversidad biológica.
