Conservación de especies amenazadas que trasciende fronteras en los Andes Tropicales
A través de un trabajo articulado y una estrategia regional, socios del CEPF en Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador han implementado proyectos para conservar especies amenazadas en los distintos territorios que conforman el Hotspot Andes Tropicales.

En las montañas que enlazan selvas amazónicas, bosques nublados, páramos y altiplanos, el Hotspot Andes Tropicales se consolida como el ecosistema terrestre más biodiverso del planeta. En sus más de 155 millones de hectáreas se concentra una riqueza biológica excepcional, con miles de especies de plantas y animales, altos niveles de endemismo y una de las mayores diversidades de anfibios, aves y mamíferos del mundo.
Sin embargo, esta abundancia convive con una realidad crítica: un número significativo de especies del hotspot se encuentra actualmente en la Lista Roja de la UICN. Esto se ve reflejado en presiones crecientes como la deforestación, el cambio climático, la expansión agrícola y la fragmentación de hábitats.
La conexión de estas áreas clave para la biodiversidad (KBA, en inglés) es esencial para mantener procesos ecológicos, permitir la movilidad de especies y trabajar por la conservación de estas especies que no reconocen límites nacionales.
El Fondo de Alianzas para Ecosistemas Críticos (CEPF, en inglés) actúa en estos territorios a través de Conservación Amazónica–ACEAA (Bolivia), Patrimonio Natural (Colombia), Profonanpe (Perú) y la Fundación Futuro Latinoamericano (Ecuador), quienes conforman el Equipo Regional de Implementación (RIT, en inglés).
Corredores y KBA que conectan países
Desde 2022, la Fase III del CEPF ha fortalecido la conservación en los Andes Tropicales. Para ello ha apostado por una estrategia regional que integra KBA y corredores ecológicos compartidos por organizaciones del RIT en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.
El trabajo articulado del RIT ha logrado en 2025 canalizar recursos hacia organizaciones locales para que fortalezcan sus capacidades técnicas, logren su gobernanza territorial y cooperen transfronterizamente. El equipo regional priorizó empoderarlas bajo un enfoque de género, promover la evolución de capacidades de la sociedad civil y conservar las especies amenazadas.
Conservar especies atravesando fronteras
Un rasgo distintivo de la Fase III ha sido el apoyo a organizaciones que trabajan por especies amenazadas que están siendo conservadas en más de un país.
El análisis de los informes técnicos aprobados evidencia que 63 especies de flora y fauna han registrado logros concretos de conservación, sin duplicaciones entre proyectos. Este conjunto incluye tanto especies priorizadas desde fases anteriores como nuevas, incorporadas en los proyectos actuales.
Los datos revelan patrones claros: una alta recurrencia de proyectos enfocados en el águila andina (Spizaetus isidori) –o águila real de montaña– y una notable diversidad de anfibios atendidos. Lo último confirma que este grupo —el más amenazado del hotspot y a escala global— ha sido una prioridad sostenida de intervención.
Los más recientes resultados demuestran la capacidad del CEPF para adaptarse a nuevas amenazas con información certera producida por sus socios. Asimismo, prueban que la conservación en los Andes Tropicales no responde solo a percepciones, sino que está basada en evidencia científica y prioridades claras.
El caso emblemático del Spizaetus isidori
El águila andina, categorizada como En Peligro (EN), destaca como una de las especies más abordadas por los proyectos del CEPF. El rol de esta águila como especie paraguas permite que su conservación beneficie a otra multitud de individuos asociados.

Las acciones para su conservación abarcan Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú y están orientadas a mitigar conflictos humano-fauna. Estas incluyen educar en medio ambiente, mejorar el monitoreo, proteger bosques remanentes y lograr una articulación interinstitucional local y regionalmente.
Los esfuerzos regionales permitieron conformar e institucionalizar el Grupo de Trabajo Regional de Spizaetus isidori. El conjunto está integrado por 13 organizaciones en seis países: Argentina (1), Bolivia (2), Colombia (5), Ecuador (2), Perú (3) y Venezuela (1). Además, se incluye en este grupo la Fundación Cóndor Andino, de Ecuador.
Para visibilizar y centralizar su trabajo se desarrolló la plataforma digital Spizaetusisidori.org, un espacio abierto que reúne información técnica, científica y divulgativa. Asimismo, ofrece un repositorio de documentos, un visor de organizaciones vinculadas al Grupo y contenidos actualizados sobre las acciones en los Andes tropicales.
La unión binacional al rescate del Leopardus jacobita
El gato andino (Leopardus jacobita) es uno de los felinos más amenazados del mundo y está categorizado como En Peligro (EN) por la UICN. Habita ecosistemas altoandinos de Bolivia, Perú, Argentina y Chile, donde cumple un rol ecológico clave.

Dicho papel abarca el de depredador de pequeños mamíferos, lo cual contribuye al equilibrio de ecosistemas frágiles como la puna y la estepa. Sus poblaciones son escasas, fragmentadas y amenazadas por la degradación del hábitat y presiones humanas.
El CEPF apoya su conservación mediante acciones estratégicas, fortaleciendo capacidades locales y promoviendo la cooperación transfronteriza. Con su financiamiento, la fundación Teko Kavi implementa el Plan de Acción para la Conservación del Gato Andino en Bolivia y Perú. Esta estrategia fortalece su monitoreo con cámaras trampa, las capacidades de guardaparques y la educación ambiental comunitaria.
Estas acciones se articulan con las de Alianza Gato Andino (AGA). Dicha organización es una red regional activa desde 1999 que coordina la investigación, conservación y comunicación en los cuatro países, donde habita la especie. AGA promueve la colaboración entre organizaciones, comunidades y autoridades para asegurar la supervivencia del Leopardus jacobita a a largo plazo.
Anfibios, primates y plantas amenazadas
Los anfibios constituyen el grupo con mayor diversidad de especies atendidas por el CEPF. Proyectos desarrollados especialmente en Colombia han logrado avances significativos en investigación aplicada, restauración de microhábitats y trabajo comunitario. Estas experiencias evidencian que la conservación de especies altamente sensibles requiere enfoques locales con visión regional.
Por otro lado, los primates de bosque nublado, como el mono choro de cola amarilla y el mono nocturno andino, continúan siendo protegidos mediante acciones comunitarias en Perú y Colombia. Asimismo, la conservación de plantas amenazadas, incluidas especies arbóreas endémicas como magnolias andinas, refuerza la comprensión de que proteger la flora es clave para sostener ecosistemas completos.

Avances medibles e impactos reales
Entre 2001 y 2025, el CEPF ha contribuido a mejorar la gestión de aproximadamente 2.9 millones de hectáreas y ha apoyado la creación de 26 áreas protegidas. Asimismo, ha beneficiado a más de 60 mil personas de comunidades indígenas y rurales en los Andes Tropicales.
En la Fase III, los recursos han sido canalizados a través de 46 organizaciones de la sociedad civil. Dichas instituciones han ejecutado más de 50 proyectos enfocados en especies, hábitats y paisajes prioritarios.
Las acciones implementadas abarcan múltiples especies—aves, mamíferos, anfibios y plantas— y diversas categorías de amenaza de la UICN. Así, el CEPF y el RIT logran consolidar un enfoque integral de conservación basado en ciencia, conocimiento local y cooperación regional.
Culmina una fase, continúa el compromiso
Este 2025, la Fase III ha llegado a su cúspide, dejando un legado tangible de conocimiento, alianzas y capacidades instaladas en la sociedad civil. Más allá de los proyectos ejecutados, el financiamiento del CEPF ha permitido a organizaciones locales obtener más recursos para continuar sus acciones de conservación una vez finalizado el apoyo directo.
Cuidar la biodiversidad de este hotspot es un desafío colectivo que exige cooperación entre países, instituciones y comunidades. Las iniciativas para conservar especies que trascienden fronteras no solo protegen la vida silvestre, sino la estabilidad ecológica y social de una de las regiones más biodiversas del mundo. El planeta es solo uno y su corazón sigue latiendo en los Andes Tropicales.
